lunes, 13 de octubre de 2008

Mucho mucho swing


Miguel Bosé, mandando y templando en Anoeta. /DAVID APREA

Intérpretes: Miguel Bosé (voz), Mikel Irazoki (bajo, coros, dirección artística), Pedro Andrea (guitarra, coros), Alberto Pueyo (guitarras), Iñaki García (teclados), Yuri Nogueira (batería), Hellen de Quiroga y Mili Vizcaíno (coristas).
Fecha: Sábado 11 de octubre de 2008
Lugar: Velódromo de Anoeta (Donostia).
Asistencia: Lleno, unas 9.000 personas.
Precio: 36 euros.





A lo grande, muy a lo grande está celebrando Miguel Bosé la despedida de un repertorio que dice va a cambiar en fondo y forma en unfuturo inmediato, cuando remate su triunfal gira PapiTour
IÑAKI ZARATA

A lo grande, muy a lo grande está celebrando Miguel Bosé la despedida de un repertorio que dice va a cambiar en fondo y forma en unfuturo inmediato, cuando remate su triunfal gira PapiTour. Y grande, anormalmente grande fue la cola de espera que se formó en la caldeada noche de viento sur del sábado. La hilera de gente desde la puerta del velódromo bordeaba en círculo casi todo el estadio, recién vaciado por la masa futbolera. Un reto de asistencia para las citas de las próximas semanas cuando tomen el relevo y el reto de Anoeta sus colegas Manolo García y Enrique Bunbury.
El ligero retraso enardeció aun más los entusiasmos de la apretada masa ante un enorme escenario diseñado en U con tiras plásticas que descendían desde lo alto, con el amplio fondo convertido en colorista pantalla de efectos de seis rectángulos y con dos pantallas laterales que retransmitían el show. No sonó mal el siempre difícil macro recinto bicicletero, aunque bien es cierto que el esquema sónico del espectáculo no comprende demasiadas florituras ni levedades, más bien un todo muy redondamente poprockero
No de anduvo Bosé por las ramas, arrancando la sesión con su popular Amante bandido y el trenzado Sereno-Duende-Nena, en un tono tecno-dance que puso al cien a una audiencia entre la que se veían algunas pancartitas de apoyo. Para cuando el tecno soft se rockerizó en las eficaces Bambú y Gulliver, Miguel había ya montado los incitantes primeros numeritos con su fiel guitarra Pedro Andrea, que trabajó la noche entera a torso desnudo, y se había despojado de la chaqueta de su siempre impecable traje oscuro. De negro lucía también el grupo acompañante.
Amaia y Mikel
En el popular vals Sevilla salió la primera invitada, la ex de La Oreja de Van Gogh, Amaia Montero, quien o bien estaba floja de voz o poco sonorizada, pero no se lució en demasía en el dueto que repite lo oído en el disco Papito. Bosé había ya saludado en euskera y recordó sus 30 años de vida artística «y que sean los primeros». El posterior capítulo (la aflamencada Te comería el corazón, la espectacularidad de Tirar pa'lante o el himno Partisano) fue más artie y desembocó en el momento «entre amigos», con el grupo sentado en las escaleras de fondo para entonar la triada de cantos pop Amiga-Creo en tí-Linda.
Una lógica rota por la bomba Supermán, el triunfador vals Te amaré, la marchita de Los chicos no lloran, la «porno pop» Morenamía o la espectacularidad (de nuevo el toque sureño) de Como un lobo, esta vez sin el placer de ver y oír a Bimba Bosé. Si tu no vuelves y el tenso himno guitarrero Nada particular clausuraron la primera parte, con una banda perfectamente engrasada que comanda el beratarra Irazoki.
Pasó Bosé de su empapada camisa negra a una blanca y seca para No hay un corazón que valga la pena, con nuevos efectos escénicos en rojo, el baladón Olvídame tú, Hacer por hacer (que canta con Gloria Gaynor en su disco de dúos) y la repesca de Nena, en esta ocasión menos tecno y más fiel a lo que se escucha en Papito con Paulina Rubio.
Nuevo parón y segundo invitado: un Mikel Erentxun que pareció cómodo en la otoñal Hojas secas y con quien Bosé tuvo la deferencia de cantar también a dúo la composición a falsetes del donostiarra A un minuto de tí.
Pasaba ya la noche de las dos horas colmas de juerga y la fiesta se estiró con el rock ruidista Sol forastero. Y como quiera que de allí no se movía un alma apareció para despedir la redonda sesión Don Diablo, en clave de rumba rock y su insufrible mensaje a base de «por aquí, por allí, un beso chiquitín con un swing, ¡sí!».
Cincuentón altamente resultón y con esas tres décadas de bagaje creativo a sus espaldas, Miguel Bosé (que va despidiendo su macro gira -estuvo recientemente en Vitoria y Pamplona e intervendrá en diciembre en Barakaldo-) está dejando muy nítido que cuando dentro de unos meses se retire a sus cuarteles de invierno lo hará por todo lo alto, en plena apoteosis de masas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Deja tu comentario