
Texto de Pedro Vallín
Fotos de Dani Duch
Muy reciente aún el éxito de Papito, Miguel Bosé presenta un nuevo disco, Cardio, y ya prepara la gira para llevarlo por el mundo. Como acostumbra, este polifacético artista ha vuelto a cambiar de registro, en consonancia, explica él mismo, con sus experiencias. En esta entrevista el cantante detalla sus vivencias como compositor y también desvela facetas poco conocidas de su vida privada, como su pasión por el buceo.No es fácil tratar a Miguel Bosé con ese respeto distante que se le dispensa a un veterano, a un clásico. Es verdad que son 53 palos y treintaytantos de música, pero lo que sugiere es que en algún rincón de su casa posee una fosa de Lázaro, aquel pozo magmático en el que Ras Al Ghul resucitaba decenas de veces desde la primera cruzada hasta hoy. También musicalmente.
Los hados han sido generosos con Bosé. Su primera suerte musical, allá en los setenta, la decidieron su belleza y unas canciones hechas para derretir corazones blandos. Pero, desde entonces, el hijo del torero y la actriz ha exhibido una increíble capacidad para la reinvención musical, en una proporción que rivaliza con la mismísima Madonna.
Bosé es polifacético, pero también polimorfo, y toda esa esquizofrenia creativa, empastada en Papito, provocó un fenómeno de venta de discos insólito en los tiempos de internet y una gira. Vuelve ahora con Cardio, un trabajo en el que regresa adonde lo dejó en Velvetina, pop informal y pegadizo con mucha electrónica. Sin nada que demostrar, Bosé se pone lúdico y experimenta.
Le ha salido un disco muy pop.
Estuve cinco años sin poder escribir. Desde Velvetina. Hubo dos momentos durante las giras de Papito en que me puse a componer, pero no dejaban de surgir fechas y más fechas. La gente sigue sin cansarse de Papito. Aún se sigue vendiendo. Tuvimos que decir que no, que ya estaba bien.
Entonces lo cogió con ganas.
Cuando me puse a componer salí como toro en rodeo. Acabamos el 18 de febrero en Colombia y 15 días después ya estaba pariendo cosas nuevas. En abril llegó Nicolás Sorín y empezamos con los sonidos y las estructuras. Metimos lo electrónico, que es como un 60 o 70% del disco. En total, como 30 canciones. Escogimos 15 y al final nos fuimos al estudio con 13. En agosto entramos en el estudio para suplir lo acústico, y a mediados de octubre teníamos el álbum terminado.
Rápido, ¿no?
Jamás había terminado un álbum con tanta antelación, ni había hecho tanto, tan deprisa y tan potente en tan poco tiempo. Me sobró un mes, porque hasta noviembre no entrábamos en mezclas.
El resultado es muy desenfadado.
Sí, muy divertido. Tiene una parte ortodoxa, mucho indie un poco sucio, y luego otra más natural y espontánea, como contraste y signo de identidad. Creo que es un disco muy solar y también irónico. Es un disco con una sola balada, un disco con mucha energía.
Más que una prolongación del Velvetina, esa canción, Estuve a punto de... suena un poco al aire...
¿De qué?
De Los chicos no lloran, ¿no?
¡Bien! ¡Me encanta que lo diga! Hace tiempo que descubrí que todas mis canciones tienen un árbol genealógico, de algún modo están vinculadas a otras. Es un estilo renovado, pero efectivamente esa es la raíz.
Pero, pese a esos vínculos entre canciones, usted tiene la capacidad de sorprender a su público con giros musicales inesperados.
Tenga en cuenta que durante estos tres años de Papito han estado sucediéndome cosas. Yo me vivo 24 horas al día. El salto llega tres años después, pero no surge de la nada, se ha venido fabricando todo este tiempo con las cosas que me van pasando, lo que pasa es que el público tiene el eslabón perdido de qué ha pasado estos tres años. Sólo por hablar de lo más técnico, descubres nuevas tecnologías, librerías de sonido nuevas que vas explorando, jugando en casa.
¿Le interesa mucho la tecnología?
De la música que escucho, el 70% son grabaciones de compañías indies dedicadas exclusivamente al tecno. Hace más de una década que dedico tanta atención al tecno, porque del resto de la música escucho muy pocas cosas que me impacten.
¿Por qué nunca ha intentado repetir un formato de éxito?
¿Perdón?
Cuando vuelve sobre su repertorio, suele remezclar las canciones, pero nunca ha vuelto a hacer algo que se parezca a Sevilla o a Bandido. Hay otros autores de carrera larga y con algún éxito especialmente recordado que lo remedan una y otra vez.
Porque ya lo he hecho. No volvería a hacer algo que ya he hecho. Es parte de mi naturaleza. Cuando vuelvo sobre las canciones que fueron un éxito, y vuelvo una y otra vez, las hago de forma que no pierdan el alma, pero están rodeadas de un mundo distinto.
Su disco parece sacar pecho en su condición pop. Es un fenómeno de estos tiempos que el pop se haya desacomplejado.
¿A qué se refiere?
Hace diez años eran impensables Mika o La Casa Azul. El pop ha vivido mucho años como pidiendo perdón por ser música para adolescentes y con una especie de complejo de ser el hermano frívolo del rock.
Y eso que no hay nada más pop que Lennon. Un día, a Sting le preguntaban cómo definiría el rock que hacía. Y respondió: “Yo soy pop”. A mí siempre me ha interesado más el pop, porque la médula del pop es la melodía, mientras la del rock es la armonía. Y el pop se hibrida con cualquier cosa, con lo que le eches, el pop es muy puta; puta con alegría, se entiende. El rockanroll es más purista, cada uno está en su sitio.
Algo de eso.
Pero no hemos tenido ningún complejo, el pop se ha ido haciendo más descarado que nunca. Y obviamente, los del rock siempre nos han tenido mucho miedo. Pero en todo caso, fíjese en el ambiente nacional, ¿quién hace rock? Pereza es puro pop, pero siempre tendrá sonido rock, o El Canto del Loco, que es también muy rockero. El rock es más una actitud, una filosofía.
Si el rock es una actitud, entonces el más rockero es Sabina.
Es cierto, es parte de su personaje. Él y Rosendo, claro.
A usted le decían que era muy Bowie cuando se cortó el pelo y se puso la célebre falda, con Bandido.
Yo pensaba más en Depeche Mode, algo más dark. Pero tienes tanta información musical que vas personalizando, es inevitable que haya sonidos que encuentras por ahí. No hace nada escuché a un grupo pop británico cuya canción empezaba con un ritmo sincopado idéntico al de Bandido, y lo más probable es que nunca la hayan escuchado.
O igual sí.
Puede ser. El caso es que hay mucha información, y cada uno la cataliza a su manera.
Se ha atrevido con unos fraseos hiphoperos en el nuevo disco.
Todo mi respeto por el hip-hop, adoro Calle 13, y el reggaeton, pero el puertorriqueño, que rapea.
Dedica una de sus canciones al concierto que organizaron en Cuba usted y Juanes. Escuchándola, se diría que lo pasaron un poco mal.
Mal no es la palabra. Nosotros obtuvimos el beneplácito de Obama y del Gobierno cubano para el concierto, y también para la lista de candidatos. Sin embargo, no nos esperábamos la violencia del ataque del exilio cubano, que llegó incluso a las amenazas de muerte por e-mail.
¿Amenazas de muerte?
Un tipo se tomó la molestia de hacer un power point en el que me desmembraba y aparecía al final la frase “estás muerto”. Fue muy desagradable, y aún peor para Juanes, porque yo estaba aquí, pero él vive allí, en Miami. Porque cuando hablo de exilio cubano, no me refiero a todos los que han salido de Cuba.
Se refiere al lobby de Miami.
Llegamos a pensar en no hacer el concierto. Y entonces, en una charla por teléfono, nos juramos que, aunque tuviésemos que ser él y yo solos, lo haríamos. Pensábamos que si nos plegábamos a las amenazas de ese exilio cubano, que alimenta el rencor, le estaríamos fallando al 90% de los cubanos, los de dentro y los de fuera de la isla. A todos los que quieren que el vergonzoso embargo que dura ya 40 años se acabe. Y eso no nos hubiese dejado dormir. En todo caso, Obama ha abierto una puerta para Cuba que no se va a cerrar. A ese exilio cubano hoy multimillonario en Miami se le ha acabado el negocio. Y la canción Júrame cuenta todo eso que estábamos viviendo.

¿Y cómo va a ser esta gira?
Será un espectáculo muy basado en la imagen. Con dos pantallas curvadas, una cóncava y otra convexa, que permiten cierta transparencia. Y a la vez, será una estructura de escenario muy limpia. Se trata de una propuesta nueva más avanzada. Desde Papitour, aunque no lo parezca, estamos tecnológicamente en una generación más. No durará menos de dos horas, nunca hago conciertos de menos de dos horas. Habrá una zona de Cardio, tres o cuatro canciones de Velvetina, y después viejos éxitos repropuestos, que arrancarían en Bandido.
Siempre que vuelve sobre sus éxitos, arranca en Bandido, como si antes no hubiera habido nada. En Papito, por primera vez incluyó temas anteriores, de la etapa de Linda y Te amaré.
Seré muy descarado, pero cómo me divertí con ellos.
Pues bien que se ha resistido.
Buf. Cuando decidí que tenía que incluirlos en Papito, me serví un cubata y cogí los seis discos anteriores a Bandido y me senté a escucharlos. Pensé que me iba a costar varios días y varios cubatas. Pero fue oírlos y pensar: “Ya lo entiendo, este tío lo tenía clarísimo”. Hay una gran coherencia, y no me avergüenzo de nada de lo de esa época. Era lo que en ese momento tenía que hacer y lo que se parecía a mí, a quien yo era en aquel entonces. Luego decidimos que para la gira había que desnudarlas aún más, y las presenté en un acústico, las vacié de armonías y funcionaban. Seguían siendo muy defendibles.
A usted nunca parece haberle pesado ser hijo de dos celebridades culturales, como si no tuviera nada que demostrar. ¿Es cuestión de autoestima?
No, no. Es que no es así. Es la perspectiva. Cuando vas por la sabana y ves a dos leones magníficos, piensas, “el rey de la selva”, y a su lado dos leonas preciosas, y unos cachorros y sus tías... Tú los miras con fascinación.
¿Adónde quiere llegar?
A que el león no sabe que es el rey de la selva y para su cachorro es sólo su padre. En una familia como la mía pasa eso: internamente se desconoce la dimensión pública de los personajes. Ese peso por el que me pregunta sólo es visible para el que retrata. Es una cantera para titulares, pero ese efecto no sucede en realidad dentro de la familia. Ni se habla ni se cuestiona. Recuerdo una vez que estábamos en Londres Isabella Rossellini y yo, con nuestras madres, y creo que estaba también su padre, Roberto Rossellini. Íbamos a salir y se pusieron a decirnos que volviéramos pronto, que tuviéramos cuidado, que si tal y que si cual. Para los demás, para el mundo, eran la Bergman y la Bosé, pero para nosotros dos eran sólo dos madres muy pesadas. A eso me refiero.
Pero eso le ha permitido codearse, como usted acaba de explicarlo, con grandes personajes de la cultura contemporánea. A lo que se añade su labor como director y presentador de aquel programa de música en directo en televisión, El séptimo de caballería. ¿Le enriqueció musicalmente?
De aquel programa salieron amistades. Por ejemplo, Michael Stipe, de R.E.M., los Placebo, con Madonna, que ya nos conocíamos, se multiplicó... A escala nacional ya existía con la mayoría de los grupos, es cierto.
¿Y en sentido musical?
Fue muy enriquecedora. Sólo canté dos veces, con Montserrat Caballé, porque lo pidió ella, y con Alejandro Sanz, Si tú no vuelves. Pero no volvería a hacer un programa como aquel. Presentaba, producía y dirigía. Se me llevó por delante. Terminé estrellándome.
¿Se refiere al accidente que sufrió en 1999?
Sí.
¿Fue por el programa?
Acabábamos de celebrar la última grabación del programa, y al volver fue el accidente.
Volvía a Extremadura. ¿Todavía tiene allí su lugar de retiro?
No, no, se vendió hace tres años.
¿Y cuál es ahora su lugar de retiro?
No sé. Hace tiempo que me di cuenta de que tener casa en Londres, en Italia y en Madrid es muy costoso.
¿No tiene un paraíso privado, un lugar donde desconectar?
Sí. Soy buzo. Practico inmersión submarina desde hace treinta años. Tengo tres grupos de colegas con los que voy a bucear. Esa es mi verdadera gran terapia. Desconecto por completo. Mejor en compañía. Y es muy relajante, en parte porque es un deporte basado en la respiración. No pasan tres meses sin que me escape a bucear. Y las giras me permiten hacerlo en muchos lugares del mundo: en el Pacífico, en el Atlántico, en el Caribe, en el Índico... Es el único escape a la presión que practico desde muy pequeño.
FUENTE:
http://www.magazinedigital.com/