sábado, 20 de febrero de 2010

Bosé nos pone cardíacas








‘Cardio’. Así se llama el nuevo disco del ídolo de una, dos y hasta tres generaciones de españolas. Un ‘bandido’ que, a los 54 años, vuelve electrónico, fresco y más tentador que nunca... si es que era posible. Queríamos conocerlo un poquito más, le pedimos que se quitara la chaqueta y... ¿sabes qué hizo?
Texto: MAR MORENO. Fotos: ISAAC MOREL




No te imaginas cómo impone. Hacía mucho tiempo que no me ponía tan nerviosa”. La confesión no me habría chocado tanto de no venir de una periodista que lleva escribiendo sobre música toda su vida. Menudo trago. Justo hoy que me había propuesto convertirme en la confidente de Bosé.
La confidente de Bosé. ¿Os lo imagináis? Hay tantas cosas sobre él que creemos saber pero... ¿serán ciertas?
¿O su vida es un cúmulo de rumores y falsos titulares? Eso pensaba mientras me acompañaban hasta la habitación donde charlaríamos un rato.
“¿Tienes con media hora para hacer la entrevista?”, me preguntó la encargada de prensa. “¿Media hora? ¡Noooo!”, respondí. Probablemente, ni una semana pegada a sus huesos sería suficiente para permitirme conocerle un poco.
Y allí estaba él. Aprovechando para ‘cerrar’ un proyecto con Kike Sarasola, dueño del hotel de la cadena Room Mate donde estamos. Suena bien: turismo de calidad y el sabor del jamón de bellota de su empresa, Monsalud.
Miguel se gusta en su nuevo disco. Y no es de extrañar. Los once temas son una regresión al Bosé de hace 25 años. El primer single, Estuve a punto de..., se repite en mi cabeza desde que lo escuché unos días antes. Y para sentirse cómodo en la nueva portada, se ha deshecho de gran parte de los 104 kilos con los que acabó Papitour, su última gira. ¿El secreto de sus dos tallas menos? Una dieta ayurvédica: “Necesitaba ponerme en forma para estar a la altura del proyecto y, antes de adelgazar, debía limpiar mi organismo”.

Yo no pertenezco a su “armada”, como a él le gusta llamar a sus fans. Pero me gusta su música. Para preparar la entrevista buceé un poco en Internet y me di de bruces con declaraciones sorprendentes. Porque así es él. Súbito, sin un pelo en la lengua. Un artista voraz que, con Papito, se dio el homenaje de vender más de dos millones y medio de copias para celebrar sus 30 años de carrera.
Pero él no quiere hablar de Internet. “Se han dicho tantas cosas raras...”, dice con desgana. Su voz es tan firme que sé que no tengo mucho que hacer en lo que respecta a confidencias porque, sí, Bosé a 40 centímetros de distancia, impone. “Yo no soy consciente de ello. Pero son las 11 de la mañana y ya me lo han dicho dos veces”, se ríe. Así que, mientras se enciende un cigarro, empezamos con el disco.
Se llama Cardio, que en griego significa ‘corazón’. “Papito cerró un ciclo y necesitaba empezar de cero para saber dónde estoy exactamente. Por eso, el álbum es un desfile de personajes: el penitente, el romántico, el desesperado, el gamberro...”. Todo, con música muy electrónica: “Porque yo soy ‘Don Juguetes’, me encantan las nuevas tecnologías”.
En las letras protesta, inventa palabras y celebra el espíritu gay power. También habla de amor en todas sus versiones: amante, esclavo, romántico, dañino. “Porque el amor evoluciona e, independientemente del de pareja, existe en formas como la amistad, la creatividad, el arte...”. Quizá él lo está viviendo de forma distinta a los 50: “Por supuesto, porque me han pasado muchas cosas y es mucho más audaz. Más radical y biológicamente distinto”.
Le divierte que muchos admiradores le confiesen que hacen el amor con su música: “Es estupendo saber que sirve para algo, ¿no?”.
La voz de Miguel, cuando habla, es grave. Él se mueve y gesticula despacio, te mira a los ojos. Y, a pesar de haber hecho miles de entrevistas a lo largo de su carrera, le pone una paciencia infinita a cada respuesta. Además, posee una cualidad maravillosa, habla con una lucidez aplastante de cualquier cosa: literatura, arte, política, belleza, religión, moda, filosofía...
Esto es fruto de una educación envidiable. Para confirmarlo, le proponemos hacer un pequeño repaso de su infancia en Wikipedia. Él frunce el ceño, pero accede, educado. No todos pueden presumir de que Picasso les llevara al ‘cole’ de pequeños. “¡Huy! ¿Cómo no estáis hartos de estas cosas? Aunque, en realidad, no me llevaba –aclara–. Lo hizo mi primer día del jardín de infancia, y también me regaló mis primeras mallas de ballet. Pintaba en su estudio...”. Wikipedia dice que es su padrino. “Pero no es cierto. Todo esto tendría que actualizarse [me comprometo a hacerlo]. Alguien debería reclamar para que los datos que incluye fueran ciertos. Picasso es el padrino de mi hermana Paola, el mío es Luchino Visconti”. De ahí su nombre, Miguel Luchino González Bosé. El mismo a quien, leemos, le dijo que “no” al papel de Tadzio de Muerte en Venecia. “No renuncié. Él pensó que yo daba el tipo de efebo, pero estaba en plenos estudios y mi padre [el torero Luis Miguel Dominguín para despistadas] no concebía que los dejase”.

Varios resbalones biográficos después, nos avisan de que no queda mucho tiempo. Y acelero. No tiene vértigo. Nunca lo tiene, a pesar de que hay pocos tan camaleónicos como él: “Sé que sólo seré feliz si hago las cosas como las veo. Si no hago lo que siento, caigo en la melancolía.
Dice que está contento con la madurez: “Súper contento. Cada edad tiene sus misterios y hay que vivirlos, explotarlos... no pretender cambiarlos. La piedra filosofal es la alegría. Y eso se refleja en tu trabajo, en tu piel...”. La suya, a sus 54 años, está envidiable: “He heredado la de mi madre. Tengo una genética privilegiada en la que se cuelgan los signos del tiempo que pasa, pero no los del cansancio ni el dolor”.

Un hombre de fe
Tiene claras sus certezas: “Soy un hombre de una fe enorme, pero no de una religión o un dios. Hay que tener fe, como hay que tener amor o esperanza”. Le pregunto por su concepto de familia. Sigue soltero, sin hijos: “No creo en el sentido que tiene la iglesia católica, que conlleva posturas hipócritas y dolorosas. Pretenden, como con el matrimonio, que hay que mantenerlo a pesar de que no funcione. Mi familia biológica no funcionó y yo he formado otra distinta con mi equipo, la gente que me rodea, mis amigos”.
Quedan tantas preguntas pendientes... “Oye, cuando dijiste que eras trisexual...”, suelto incómoda. “Fue por aburrimiento. Y no dije otra barbaridad mayor por pereza porque, ¿a quién le importa mi vida? A la gente que me admira, no”.
Y yo, que le admiro, me pregunto: ¿cómo eres de verdad, Miguel? “Por orden: soy educado. Ésa es la base de todo. Coherente. Curioso, siempre. ¡Buf!, muy tozudo y pacientísimo. No demasiado espiritual; más bien de espíritu.
De buen espíritu. Idealista tampoco. Ni contestatario. Más bien incómodo. ¡Me gusta mucho serlo!, además. Soy pragmático, no transgresor. De hecho, la palabra puede ser libre. ¿Rompedor?, no. Elegante, sí. Y lúcido. ¿Qué más...? En la próxima entrevista. Escribe en la revista: ‘Continuará’”.

FUENTE:
http://www.ar-revista.com/ana_rosa/solidaridad/bose_nos_pone_cardiacas/bose_nos_pone_cardiacas3

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