
Entre los estereotipos del divo y el intelectual se deslizó Miguel Bosé ayer miércoles en un videochat de primerahora.com desde la azotea del hotel La Concha, en San Juan.
“¿Qué son esas preguntas? No me gustan”, se quejó el cantautor español apenas iniciado el encuentro cibernético, cuando se le cuestionó sobre sus parejas sentimentales y sexuales. Ése fue el primero de varios baños fríos que dio a un público adulador, justamente el tipo de audiencia que él repugna, según reveló.
El solista llegó vestido como si fuera a un desfile de modas –motivo de su más reciente disco, Cardio– y desde que se sentó junto a la moderadora, la reportera Rosalina Marrero-Rodríguez, dejó expreso su afán de llevar la contraria tantas veces como pudiera.
Primera Hora pudo observar que los dedos de sus manos son sumamente pequeños y que tiene la manía de cruzarlos y darse con ellos en los muslos mientras habla, además de sentarse con mucha calma, manteniendo el trasero casi como si levitara.
“Más que la experiencia, es el hecho de darles valor a las cosas que le dicen a uno de verdad. No a todos los halagos uno les puede dar un peso”, atisbó cuando la cibernauta Aurora Valencia le inquirió cómo mantiene “los pies en la tierra” a pesar de tantos elogios.
Otro momento en el que la sinceridad de Bosé hizo de las suyas se dio cuando un participante le cuestionó sobre su punto de vista en cuanto a la eternidad del amor. Para hacer inteligible la pregunta, el cibernauta hizo un pequeño párrafo introductorio, demostrando que conocía el planteamiento artístico del cantante. Tremendo error.
“Consejo: hagan las preguntas más cortas. No puedo contestar. Cuando veo la parte final de la pregunta, ya no me acuerdo de lo que dijo al principio”, fue la respuesta inicial de Bosé. Rosalina Marrero tuvo que refrasear el cuestionamiento, y aun así, fue difícil que el vocalista manifestara su sentir.
Sin duda, el público vivió uno de los encantos de Miguel Bosé: su antipatía, una magia para la que se encuentra una buena explicación en la manera en que inició su carrera musical.
A él le cayó del cielo el éxito; se lo ofrecieron y lo aceptó, confesó. “Yo me metí en la música por la economía. Tenía 19 años y no quería volver a verles la cara a mi madre ni a mi padre”, dijo al final del videochat mientras se frotaba los dedos como si contara dinero.
“Yo me metí en la música por interesado, y caí en mi propia trampa porque meses más tarde descubrí que era mi pasión y lo que quería hacer el resto de mi vida”, reveló con franqueza.
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